II GUERRA MUNDIAL - PAISES INVOLUCRADOS - FRANCIA
 
LOS AÑOS NEGROS DE VICHY
 
 
         
 

1940-1944: la silenciada Guerra Civil francesa

El régimen de Vichy que presidió el mariscal Pétain después de la victoria del Ejército alemán sobre el francés en junio de 1940 continúa siendo objeto de debate. La estrecha colaboración del Gobierno francés con el Reich, el surgimiento de la Resistencia y la evolución de la Segunda Guerra Mundial dividió a los franceses ideológicamente y con las armas en la mano (por Jordi Garcia-Petit).

Al amanecer del 14 de junio de 1940, buena parte de la población de París recibió la entrada de las tropas alemanas a la ciudad con una mezcla de sorpresa y alivio. En la tarde del mismo día, los alemanes ya desfilaban marcialmente, impecablemente uniformados, por los Champs Elysées. Francia, conjuntamente con el Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y el Canadá, habían declarado la guerra a Alemania el 3 de setiembre de 1939, como respuesta a la invasión de Polonia dos días antes. Los franceses se movilizaron sin alegría, pero sin grandes resistencias. Habían asumido que tenían un compromiso insoslayable con Polonia y que hacía falta parar de una vez el expansionismo alemán. Francia estaba traumatizada por las pérdidas humanas de la Primera Guerra Mundial, y no se había repuesto ni demográficamente ni psicológicamente.

El gran descalabro

Por eso, cuando Adof Hitler llegó al poder en enero de 1933 y puso en marcha su plan de rearme y de reivindicaciones territoriales, los franceses adoptaron una estrategia defensiva en el terreno militar con la construcción de un sistema de fortificaciones, supuestamente infranqueable, conocida como la línea Maginot. Decimos “supuestamente infranqueable” porqué no pudo evitar la derrota de Francia en el 1940. La ofensiva alemana a través de las Ardenes, combinando la acción de los tanques, la infantería motorizada y la aviación, infligió en poco más de cuatro semanas una humillante derrota al Ejército francés y al cuerpo expedicionario británico. Las causas de este descalabro del Ejército francés, considerado el mejor de Europa en los años treinta, todavía son objeto de controversia. Los franceses disponían de un material de excelente cualidad, pero insuficiente aviación, antiaéreos y artillería antitanques y muy deficiente en comunicaciones. La preparación de los oficiales de primera línea era buena y la moral de la tropa era elevada, a pesar de los traumas y divisiones de la sociedad francesa. Lo que fallaba fue, sobretodo, la estrategia del alto mando, ancorado en conceptos anticuados de la guerra del 1914-1918, sin olvidar que el Ejército alemán era en ese momento formidable.

Delante de la victoriosa ofensiva de la Wehrmacht, el Gobierno francés que había abandonado París y se había refugiado en Bordeaux, estaba indeciso. Por un lado, el general Charles De Gaulle, subsecretario de Defensa, era partidario de continuar luchando. Por el otro, el mariscal Philippe Pétain, venerable héroe de la Primera Guerra Mundial, estaba decidido a salir de la guerra para reconstruir Francia de otra manera. Se terminó imponiendo la idea del mariscal y el 22 de junio de 1940 se firmó un armisticio que suspendía definitivamente las hostilidades entre Francia y el Reich alemán. El sitio escogido para la firma fue el bosque de Compiègne, a sesenta y cinco kilómetros al norte de París, en el mismo vagón de tren donde los alemanes habían tenido que firmar el armisticio del 1918. Las condiciones del convenio fueron muy duras: más de un millón y medio de prisioneros de guerra continuarían en cautividad hasta que no se firmase un acuerdo de paz: la mitad norte y toda la costa atlántica francesa pasarían a ser ocupadas por los alemanes; Francia tendría que pagar el mantenimiento del ejército de ocupación: en la zona no ocupada, el Ejército francés quedaría limitado a cien mil efectivos, la soberanía francesa se mantendría sobre el conjunto del territorio, incluida la zona ocupada, pero Alemania ejercería los derechos de potencia ocupante; Francia conservaría el imperio colonial y la flota de guerra, y libraría a Alemania todos los refugiados políticos alemanes y austriacos en territorio francés.

A golpe de decreto

Después que el Gobierno y los parlamentarios franceses se instalaran en la ciudad balnearia de Vichy, Pétain instituyó el Estado francés en substitución de la III República, disolvió las cámaras parlamentarias y se proclamó jefe de Estado. En julio de 1940 el flamante régimen de Vichy emprendió, a golpe de decreto, una radical reforma de las estructuras y valores que llamó Revolución Nacional. A grandes rasgos consistía en una contrarreforma opuesta a la República, al Frente Popular, a las conquistas sociales y a la laicidad. El lema “trabajo, familia, patria”, substituía la “libertad, igualdad, fraternidad”. Se suprimirían los partidos políticos y los sindicatos; se estableció la jerarquización de patrones y trabajadores: la familia pasó a ser considerada la célula base de la sociedad y el patriotismo fue declarado obligatorio. Numerosos historiadores coinciden en afirmar que Vichy tenía similitudes con el salazarismo, con el franquismo y con el fascismo, a pesar de no ser ninguna de las tres cosas.

Mientras todo esto se gestaba, desde la BBC de Londres el general De Gaulle denunciaba el armisticio con los alemanes e invitaba a los franceses a proseguir la lucha allí donde se encontraran: una llamada que sirvió para legitimar desde el principio la resistencia armada no solamente contra el ocupante alemán, sino también contra los que colaboraran.

Pétain justificó su régimen, formado por una amalgama de políticos de derechas, pero también por algunos prohombres del centro y de izquierda, con el argumento que evitaría lo peor en Francia y que “salvando el Estado, salvaba la nación”. Y es que en los dos primeros años de Vichy eran muchos los que apostaban por la necesidad de colaborar con los vencedores para atenuar la dureza de la ocupación, para mejorar la suerte de Francia, si finalmente Alemania ganaba la guerra, por complicidad ideológica con los nazis o por hacer negocios con el ocupante. Pero los hechos se encargarían de poner en entredicho algunos de estos apriorismos. A pesar de la política de colaboración que el régimen de Vichy estableció con el Reich, no obtuvo ninguna concesión significativa y la población sufrió tantas o más privaciones y represión que la de otros países ocupados.

Francia expoliada

A la tragedia de la ocupación militar alemana, se le sumó una expoliación extrema. Francia tenía que pagar al Reich 400 millones de francos diarios para el mantenimiento del ejército de ocupación. La equivalencia entre el franco y el marco fue arbitrariamente fijada por los ocupantes: un marco igual a veinte francos. Eso empobreció mucho a los franceses. Con el cambio tan favorable, los ocupantes alemanes vaciaban las tiendas y llenaban los restaurantes y los hoteles, mientas los franceses estaban condenados al racionamiento, al mercado negro y a recurrir a los campesinos, quienes hacían pagar a precio de oro sus productos. A la penuria de los bienes de consumo, tenía que añadirse una inflación creciente. Según los datos oficiales de Vichy, de julio de 1940 a julio de 1942, los precios habían subido un 70%. El café, que sólo se podía encontrar en el mercado negro, servia de termómetro: llegó a superar los mil francos por kilogramo, la mitad del salario medio de París.

Además, ha de tenerse en cuenta que Francia fue la fuente de aprovisionamiento industrial y agrícola más importante del Reich. Le proporcionó en números absolutos más productos alimentarios que la sobre expoliada Polonia, y también aportó el número más grande de trabajadores a las fábricas y granjas alemanas. En noviembre de 1943 había hasta 1.340.000.

Según el armisticio, Francia conservaba los dominios imperiales por una cuestión de cálculo de los alemanes, que en ese contexto no podían ocuparlos ni habían decidido el sitio que le asignarían a Francia en el nuevo orden europeo y mundial. Por eso, dejaron que fuera el Gobierno de Vichy quien se hiciera cargo de la defensa del Imperio, donde disponía de importantes efectivos militares. Los alemanes no contaban, que la estrategia de los que querían continuar el combate contra Alemania pasaba, precisamente, por relanzarlo des de las colonias. Dakar, Siria y el Líbano fueros los primeros escenarios de combates regulares entre los franceses leales a Vichy y las fuerzas reunidas alrededor del general De Gaulle. El ataque de los franceses libres a Dakar, con la participación de la Armada británica, fracasó por la decidida defensa de los vichynitas, pero Siria y el Líbano fueron ocupados después de duros enfrentamientos que causaron centenares de víctimas francesas.

El desembarco aliado en el Norte de África, en noviembre de 1942, puso definitivamente a prueba la capacidad del imperio colonial francés por estar en la esfera de Vichy. Con el éxito de la operación, quedaron patentes los impresionantes medios aeronavales y humanos que los norteamericanos podían concentrar y la determinación de los miembros de la Resistencia, que con pocos medios, desbarataron la respuesta de las fuerzas pro Vichy, interfiriendo las comunicaciones, ocupando puntos estratégicos y provocando el caos en la retaguardia. La moral de los partidarios del Gobierno de Pétain quedó minada y la desorganizada defensa frente a la invasión duró solo tres días.

Esta operación tiene que sumarse a otras acciones militares contra Vichy que habían llevado a cabo el Reino Unido y los EE.UU., antes y después del desembarco en el Norte de África. Pocos días después de la entrada en vigor del armisticio, los británicos destruyeron, en el puerto argelino de Mers-el-Kebir, la escuadra francesa del Atlántico oriental. Las pérdidas humanas se tradujeron en 1.300 franceses muertos y las materiales, en el hundimiento de dos acorazados, un crucero, un destructor y un aviso. Hasta Pétain consideró fugazmente la posibilidad de declarar la guerra a los británicos. El ataque a Mers-el-Kebir dejó un fuerte resentimiento en la Francia ocupada, agravado por el bloqueo marítimo británico de los puertos metropolitanos que impedía el vital comercio con las colonias. Por otro lado, los bombardeos perpetrados sobre ciudades francesas, frecuentes a partir de 1943, se convirtieron en sistemáticos e indiscriminados (Lyon, Amiens, Avignon, Nice, Marseille…) a partir de 1944. En dos años, más de 600.00 toneladas de bombas fueron lanzadas por los ingleses y los norteamericanos sobre Francia. El desembarco aliado en Normandia, en junio de 1944, se saldó con la muerte de más de 20.000 civiles. Todos estos episodios provocaron profundas tensiones entre los franceses.

Pero fue en la lucha de Vichy contra la Resistencia y en la deportación de judíos donde el enfrentamiento entre los franceses fue más cruel. El régimen de Pétain provocó una escalada de reacciones de resistencia de una parte de la población, y la represión de los alemanes, de la policía y la gendarmería francesa comportó una verdadera guerra civil. No hubo grandes operaciones militares porqué no se enfrentaban dos ejércitos regulares, pero sí numerosos episodios de violencia armada, de atentados, de ejecuciones sumarias, de encarcelamientos y torturas, de destrucción de propiedades y de exilios forzosos. La colaboración con la Gestapo de secciones especiales, de la policía francesa y de la Milicia, organización paramilitar de cariz fascista, creó un angustioso clima de represión sobre la población civil. Y la reacción de la Resistencia no fue siempre dirigida a objetivos militares.

La tarea más oscura

A partir de diciembre de 1943, la creación de las Fuerzas Francesas del Interior, que integraban los diferentes grupos resistentes bajo el mando de De Gaulle, dio un empujón a la Resistencia. Además de llevar a término actos de sabotaje y atentados puntuales, se pasó a la lucha organizada de maquis y guerrilla urbana. La Wehrmacht y la Milicia tuvieron que intervenir a fondo para combatir a los maquis de Les Glières (Alta Savoia), de Mont-Mouchet (Alvèrnia) y del macizo de Vercors (la Dròma), donde se habían implantado unos 4.000 maquis que resistieron dos meses y que perdieron cerca de 1.000 combatientes.

El capítulo más deshonroso de la represión del régimen de Vichy fue la persecución de los judíos. Las primeras disposiciones antisemitas fueron adoptadas sin previa petición de los alemanes. La policía y la gendarmería francesa hicieron con eficacia el trabajo sucio de detener a los judíos en las dos zonas. Era una manera de demostrar una colaboración correcta con los nazis. Uno de los episodios más eficaces fue la gran redadaque se llevo a cabo entre los días 16 y 17 de julio de 1942. Trece mil hombres, mujeres y niños fueron detenidos. Una parte fueron a parar al campo de internamiento de Drancy, al norte de París, y los otros fueron concentrados al Velódromo de Invierno. Casi todos terminaron en el campo de extermino de Auschwitz, en Polonia.

El balance del genocidio judío imputable a la autoría o la complicidad francesa es trágico: 76.000 judíos fueron deportados a los campos de concentración; solo 2.500 sobrevivieron. Pero también hay que dejar constanciade los miles de judíos que se salvaron gracias a la ayuda de los miembros de la Resistencia y de los franceses anónimos.

Si en la corta guerra contra Alemania, Francia tuvo unos 90.000 muertos, las bajas francesas derivadas de la existencia del régimen de Vichy casi triplican ese número, si se cuentan las causadas por las acciones de la Resistencia y la represión sobre esta, los combatientes entre fuerzas francesas, los bombardeos aliados, las depuraciones de los unos y de los otros, los trabajadores forzados que no volvieron de Alemania, los judíos y los refugiados en territorio francés que fueron exterminados.

Es un ejercicio de historia virtual especular sobre si Francia habría sufrido menos sin “el escudo protector” que tomó el mariscal Pétain, y es que, a pesar de la condena política y moral del régimen, Vichy fue “muy francés”, tanto en la rotura que representó respecto a la III República, como en la continuidad jurídica y fáctica que tuvo después de la liberación. Los anuarios corporativos prueban que los miembros de los grandes cuerpos del Estado, quitando los prefectos, eran casi los mismos en 1946 que en entre 1940-1944.

 
 
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Fuente: traducción al español (páginas 28 a 33) del número 82 de la revista Sàpiens (agosto del 2009)